Cómo se forman las perlas cultivadas y qué significa el proceso de cultivo
Una perla cultivada es una perla auténtica que se forma mediante un crecimiento natural en el interior de una ostra perlífera, con la diferencia de que el inicio de este proceso es provocado de forma controlada por el ser humano.
Las perlas se encuentran entre las pocas gemas que no se originan en la tierra, sino dentro de un organismo vivo. Concretamente, se forman en ostras perlíferas, moluscos que viven en agua dulce o salada. Cuando un cuerpo extraño entra en el interior de la ostra, esta comienza a protegerse recubriéndolo progresivamente con capas de nácar. De este proceso natural nace la perla.
En la naturaleza, este fenómeno ocurre de manera aleatoria, mientras que en el caso de las perlas cultivadas el cuerpo extraño se introduce deliberadamente por el hombre. El crecimiento de la perla es siempre lento, dura años y permanece en gran medida independiente de la intervención humana. Por ello, hoy en día hablamos casi exclusivamente de perlas cultivadas, a partir de las cuales se crean joyas de perlas aptas tanto para el uso diario como para ocasiones especiales.
Qué significa el cultivo de perlas
El cultivo de perlas es una forma controlada de iniciar el proceso de formación de la perla. En el caso de las perlas marinas, durante la implantación suele introducirse un pequeño núcleo de perla junto con un fragmento de tejido que ayuda a formar el saco perlífero. En las perlas de agua dulce, el procedimiento suele ser diferente y, según el tipo y la práctica local, se utiliza principalmente un implante de tejido.
En ambos casos, el crecimiento posterior de la perla se produce de manera autónoma, mediante la deposición gradual de capas de nácar. La perla resultante no es, por tanto, un producto artificial. Está compuesta por el mismo material y se forma del mismo modo que una perla natural, con la diferencia de que, en lugar del azar, el proceso comienza con una intervención precisa y un cuidado prolongado.
Cuándo y por quién se descubrió el cultivo de perlas
Un avance decisivo tuvo lugar a finales del siglo XIX en Japón. Tras muchos años de experimentación, Kokichi Mikimoto logró el éxito en el año 1893, cuando consiguió obtener una perla cultivada a partir de una ostra perlífera marina. En las décadas siguientes, el método fue perfeccionándose y, a comienzos del siglo XX, las perlas cultivadas pasaron a formar parte estable del mundo de la joyería.
Qué ostras perlíferas se utilizan para el cultivo
Para los distintos tipos de perlas se emplean diferentes especies de ostras perlíferas. Las perlas marinas se forman en ostras del género Pinctada, entre ellas las perlas Akoya, las perlas de Tahití y las perlas del Mar del Sur. Las perlas de agua dulce se cultivan en moluscos de agua dulce del género Hyriopsis.
Los distintos tipos de perlas se diferencian en tamaño, brillo, color y carácter. Por ello, algunas perlas se utilizan con mayor frecuencia en delicados pendientes de perlas, mientras que otras destacan de forma especial como un collar de perlas protagonista.
Cómo se desarrolla el proceso de cultivo
Antes de que una perla forme parte de una joya terminada, pasa por un largo proceso que no puede acelerarse. En primer lugar, se seleccionan ostras perlíferas sanas y se colocan en un entorno controlado. La implantación en sí debe ser extremadamente precisa: la ostra debe aceptarla bien y comenzar a formar el saco perlífero.
A continuación llega la fase más larga de todo el proceso: el crecimiento de la perla. La ostra perlífera recubre gradualmente el cuerpo introducido con capas de nácar, una tras otra. En el caso de las perlas Akoya, este proceso suele durar entre 1 y 2 años. Las perlas de Tahití y las perlas del Mar del Sur crecen normalmente entre 2 y 4 años. En las perlas de agua dulce, el período de crecimiento es por lo general de 1 a 3 años, y en algunos casos incluso más.
Recolección y trabajo posterior con las perlas
Una vez que la perla alcanza el tamaño y la calidad deseados, se extrae y se clasifica según su forma, tamaño, color, brillo y calidad de la superficie. Solo después se seleccionan las perlas adecuadas para la elaboración de joyas, que pasan a formar parte de piezas finales con perlas.
La perla como resultado del tiempo
El cultivo de perlas no es una producción industrial en el sentido estricto del término. El ser humano puede crear las condiciones e iniciar el proceso, pero la perla en sí es moldeada por el tiempo y por los procesos naturales que tienen lugar en la ostra perlífera. Precisamente por eso, las perlas cultivadas auténticas son tan valoradas: cada una es única y lleva consigo la historia de su propia formación.
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